ART, TOGETHER

Lo efímero de ti que derramó belleza sobre mí

Venga, vamos, sonríe otra vez. Eso. Sí… Oh. No. No… No pares. Tranquilo. No te miro (fingiré que). Pero sonríe otra vez. Eso, así… No sé si te habrás dado […]

Venga, vamos, sonríe otra vez.
Eso. Sí… Oh. No. No… No pares. Tranquilo. No te miro (fingiré que). Pero sonríe otra vez.
Eso, así…

No sé si te habrás dado cuenta, seguro que sí. Pero tus gestos le tienen declarada una especie de guerra de evidencias a tus pensamientos y te delatan más allá de sus propias intenciones, incluso (o quizás sobre todo) más allá de tu propio conocimiento.

Sonríe otra vez, que no me lo quiero perder. Ver cómo tu mente lucha con tu cuerpo para mantener el equilibrio (y eso que esa boca no ha bebido de esa otra), en una posición, en una postura, en un guión a penas determinado pero al que “hay que ceñirse”. Ver cómo tu cuerpo gana, al menos durante un pequeño intervalo de tiempo; entonces, lo que sea que estés pensando y que no dices, sale, es expulsado, de dentro hacia fuera como todo aquello de lo que el cuerpo se desprende y despide cuando está un poco harto de contenerse, cuando está extasiado, extenuado, cuando él solo, sin consulta previa, decide que ya es suficiente, cuando sucumbe, cuando se deja llevar, cuando más que electrificarse, se electrocuta y después solo es capaz de ser y es… simple, llano, natural. De tu boca a mis ojos, de mis ojos a mi memoria, de mi memoria a mi imaginación y desde allí pierdo la noción del verdadero recorrido, pero pasa por aquí y se queda plasmada en un papel ficticio (y) en mis palabras.

Indecisa pero bonita, pausada, lenta, pensativa, vacilante, resignada al silencio y finalmente segura de lo que quiere decir y lo dice con descaro y (me) enseña los dientes.

Venga, vamos, sonríe otra vez. Que yo sé que tú sabes.

Pero, no fijes así tu mirada en mis ojos.

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Text: Génesis | Image: Melarise